Por un Transporte Digno para Jaén

Por un Transporte Digno para Jaén

Campaña de la CNT de Jaén por un transporte público digno para los y las jiennenses

La lucha por el transporte público en Brasil, motor de una revuelta popular

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revuelta 20 centimos

La lucha por un transporte digno, tan sufrida por los jiennenses, es sin duda una más de las tantas luchas que afectan a todas las personas alrededor del mundo. Personas con pocos recursos que ven el transporte público como único medio en sus vidas para poder desplazarse y, poder así realizar sus vidas. A pesar de ser una lucha que se sufre día a día y a nivel local, la necesidad de un transporte público, digno y de calidad es una reclamación más que durante siglos ha sido peleada a sangre y fuego por la clase obrera. Entendiendo este derecho como fundamental en sus vidas.

Este verano, este problema en cuestión ha servido como mecha incendiaria de una rebelión en pleno siglo XXI, paralizando con protestas alrededor de toda su geografía a un gigante como Brasil. La revuelta estalló al conocer la noticia de que el alcalde São Paulo subiría el precio del billete de bus 20 céntimos, en total 3,20 reales (unos 1,12€). Es por esto que se ha bautizado a esta revuelta como la “revuelta de los 20 céntimos de real”. La subida puede considerarse mínima a nivel numérico, pero si tenemos en cuenta que los precios de los transportes públicos en Brasil son muy altos en relación al sueldo base de los trabajadores, máxime cuando no existen abonos para los que los usan de forma regular, nos damos cuenta del hartazgo de los brasileños respecto a este asunto.

Un billete sencillo en São Paulo, que permite un máximo de cuatro trayectos en tres horas (en la mayor ciudad de Sudamérica, con un tráfico infernal, muchos viajes tardan más que eso) cuesta 3,20 reales (1,12 euros). Para aquellos que tienen que hacer un viaje de ida y otro de vuelta seis días a la semana, el gasto en transporte puede superar los 200 reales al mes, cuando el salario mínimo es de 678 reales (238 euros). Como vemos, estos 20 céntimos no son más que la gota que colmó el vaso, parafraseando a los/as compañeros/as brasileños/as.

Una vez que la “gimnasia revolucionaria” surte efecto, el pueblo quería más; no les bastaba con las migajas de la explotación del servicio. De esta manera, un grupo universitario (“Movimento Passe Livre”) pidió directamente al alcalde algo tan “utópico” (según la prensa burguesa) como el pase libre en el transporte para estudiantes y la consiguiente expropiación del servicio por parte del Estado. Bajo esta protesta se fueron uniendo grupos de varias ideologías que coparon todo el país con manifestaciones, ocupando incluso la Asamblea Federal del país. Esto sorprendió bastante tanto a los políticos como a las clases pudientes, que vieron cómo esta revuelta, que estimaron rápida y fácil de controlar, se estaba convirtiendo en un verdadero quebradero de cabeza.

La represión no se hizo esperar, la policía uso sus armas contra los manifestantes con fiereza inusual, incluso atropellando a una persona en São Paulo, la cual murió a causa de sus heridas. Los dos partidos mayoritarios condenaron las protestas en un primer momento (tachando a los manifestantes de vándalos) y luego las toleraron, condenando la brutalidad policial que ellos mismos amparan y promueven. Esto no ha conseguido engañar al pueblo brasileño, el cual, harto ya de aguantar tantas injusticia, expande ahora las protestas a todos los problemas sociales que padece: recortes presupuestarios (sanidad, educación, transporte), corrupción (compro de votos en el gobierno de Lula), desvío de inversiones (copa del mundo, juegos olímpicos), pobreza extrema, desalojo de favelas, etc.

No es el primer país que sale a la calle a reclamar lo que es suyo, ni será el último. Salvando las diferencias entre ambos países, podemos apreciar cómo la corrupción, el caciquismo político, la pobreza y los recortes de derechos, salpican a Brasil y a España por igual. Es por esto que el internacionalismo de la clase obrera está ahora más latente que nunca; todos sufrimos los mismos problemas sean cuales sean las fronteras dónde estemos encerrados. En este caso, el desencadenante fue la reclamación de un servicio de transporte público, digno y de calidad; como la CNT lleva reclamando en Jaén desde hace tiempo. Algo tan sencillo y habitual en nuestras vidas puede ser la mecha que encienda una revuelta en la que el pueblo dice BASTA y empieza a conseguir en la calle los que ningún partido político le va a otorgar. Qué tiemblen, pues, si algún día está mecha termina de consumirse. Sin justicia, no habrá paz.

 

¡Por un transporte digno y de calidad, aquí y en todo el mundo!

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