Por un Transporte Digno para Jaén

Por un Transporte Digno para Jaén

Campaña de la CNT de Jaén por un transporte público digno para los y las jiennenses

En apoyo a los trabajadores y trabajadoras que realizan el curso de conductores del tranvía

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Desde la CNT de Jaén queremos manifestar nuestra solidaridad activa con todos los trabajadores y trabajadoras que han visto interrumpido el desarrollo del curso de formación para conductores del tranvía de Jaén. Dicho curso se interrumpió por la decisión del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 3 de Jaén de acceder a la medida cautelar solicitada por la empresa de autobuses urbanos (Herederos de José Castillo Castillo SL), ordenando la suspensión de la gratuidad de las pruebas del tranvía, alegando la empresa competencia desleal.

Creemos que este colectivo de trabajadores está pagando, junto con el resto de la ciudadanía de Jaén pero en diferente grado, la falta de altura de miras de la clase política local y la decisión del Juzgado de los Contencioso Administrativo, que se ha plegado a los intereses de la empresa que gestiona los autobuses urbanos de Jaén.

No entendemos por qué las administraciones son incapaces de poner encima de la mesa soluciones y no reproches. Los trabajadores y trabajadoras de Jaén, el pueblo de nuestra ciudad, que es quien necesita un transporte público de calidad y rentable socialmente, no puede permitir que la guerra política entre PSOE y PP perjudique sus legítimos intereses y esquilme sus recursos económicos. Es deleznable que los políticos de Jaén, que por los cochazos que han declarado tener en propiedad dudamos mucho que usen el transporte público, antepongan sus anhelos políticos a la gobernanza de la ciudad y a dar un respuesta a la ciudadanía de Jaén, entre ella a los trabajadores y trabajadoras que esperan acabar el curso de formación.

Ya está bien de tirarse los trastos a la cabeza. El descrédito de la clase política viene dado, entre otras cosas, por la realidad cotidiana que sufrimos gracias a su incompetencia y su falta de lealtad a la ciudadanía.

¡Transporte público de calidad ya!

6 Comments

  1. Salud, solo una duda, que es transporte “publico” ?
    supongo que hablamos de un transporte autogestionado por lo trabajadores, no un transporte gestionado por un ente estatal.

    Hay que llevar cuidado con lo que se desea, solo recordar que: ” Todo dentro del estado, nada fuera del estado” es de mussolini, y lo que habitualmente se conoce como “publico”, son servicios gestionados por entes estatales, lo mismo o peor que una empresa privada.

    Salud compañeros y animo en la lucha.

  2. Me podeis decir dnde estan declarados los “chochazos” de los politicos de jaen??

  3. Voy a abusar copiando aquí todo un panfleto que he escrito y no sé por dónde difundir. La situación es, en Madrid, desde donde escribo, y en todas partes, desesperante, en especial porque el terrible problema apenas ni se plantea entre la gente. Yo también he leído Contra el Automóvil. Sobre la libertad de circular. Está tan claro que la ciudad está mejor sin coches (aunque un sitio como Madrid no es una ciudad)… Al final del panfleto va una letrilla para cantar. ¡Salud y asambleas que traten el asunto sin miedo!

    Madrid, 8 y media de la mañana
    EL AIRE APESTA A COCHES

    ¿Qué podemos hacer más que denunciar al Automóvil, atacarlo como lo que es, no un medio de trasporte sino una idea vana que está apestando la tierra? Lo tenemos delante todos los días, año tras año en mayor cantidad, pero no podemos tomárnoslo como quieren que nos lo tomemos, como si fuera la naturaleza misma ¿no? Tampoco es ningún beneficio del progreso, no es un istrumento útil al que no se pueda renunciar, ni un mal necesario que tenga su arreglo en ningún futuro, con unas cuantas obras más o unas cuantas campañas educativas más o menos ecologistas. Como sabe todo el mundo (da igual que no quieran reconocerlo o no puedan), es claramente un atraso, un retroceso teniendo en cuenta que antes de él se había ya dado con buenas soluciones al asunto del trasporte, en los tiempos del progreso de los bisabuelos, inventos que estaban a la mano y no había más que desarrollar, mil veces más potentes y eficaces. Pero no: han tenido que cargarse los trenes y los tranvías para imponernos el trasto, el auto personal, y con él la fatigosa tropa de camionazos, autobuses, autocares o como los llamen, y, de remate, carreras de coches y motos como espectáculo favorito. Es, ni más ni menos, una imposición del régimen del Estado y del Capital, que necesita eso para seguir desarrollando su plan ideal para todo el globo, y es por tanto una necesidad del súbdito ideal de este régimen, el que se cuenta por millones. Lo han impuesto y aquí está esta peste en el aire, este constante peligro de muerte al ir a cualquier lado, la arritmia insoportable del tráfico y de los semáforos, este horror de que los autos hayan invadido casi del todo el espacio público, los sitios donde podía –quién sabe– vivir la gente, y de que los campos sean ya desiertos atravesados por carreteras, sin caminos, sin caminantes. Poco más de un siglo lleva en el mundo y ha trasformado la haz de la tierra.

    Los indios pata-de-goma,
    vistiendo chapa de acero,
    por caminos de betún
    ruedan rápidos y serios.
    ¡Atrás, a contratiempo!

    No puede esperarse que ningún grupo más o menos progre de los que tanto abundan entre demócratas (ni más o menos carca tampoco) se ocupe siquiera de esta cuestión, porque, formados como están por una mayoría de beatos informados por la industria cultural (¡tan bien que la describieron Horkheimer y Adorno en su inolvidable escrito!), no son capaces de decir lo que las narices huelen, los oídos oyen y los ojos ven: para ellos el Automóvil es tan inamovible, hasta tal punto forma ya parte de su mundo, que sólo pueden considerar una y otra vez medidas de mejora del invento, igual que los políticos con los que compiten en sosería, no vayan a darse cuenta como aquí hacemos de que se trata de algo que sobra en el mundo, que sólo sin él “otro mundo es posible”.

    ¡Y cada vez somos más automóviles!

    En el automóvil se ve como en ningún otro sitio la estupidez a que conduce la idea de la propiedad privada (eso de “lo mío” que resulta de confundirme a mí con el nombre propio del DNI): ahí los tenéis, yendo todos más o menos al mismo sitio pero cada cual con un vehículo de su propiedad (o la del banco), ¡y viva el despilfarro! Les han vendido eso, la idea de que el automóvil es una de esas cosas que los ingleses llaman commodities, y al señor, es decir a cada uno de los que creen en sí mismos o quieren creer y que se crea en él, le gusta mucho su coche, la potencia o la importancia que le da el lanzarse por las calles y carreteras sentado en su sillón como en un trono, ocupando como veinte cuerpos, aunque tenga que ser a paso de tortuga, siendo tantos miles los que (¡qué casualidad!) tienen esactamente el mismo gusto y opinión que él: “a mí el coche que no me lo toquen”. “¿Y para qué quieres tú tener un coche?” le preguntaba una vez a un pobre chico que andaba en ésas de quererlo: “Para ser alguien.” respondió. Da igual que, al cabo de los años, algún automovilista que otro tenga que reconocer que está harto, que le han colocado un latazo inmortal y que no puede más, o que los muertos y maltrechos de la carretera (¿quién no cuenta varios conocidos?) sigan ahí fijos y previstos en las estadísticas, para mayor negocio de los espertos en la seguridad y los seguros, de los fabricantes de sillas de ruedas y de los servicios de ambulancias y funerarias.

    Pues no hay problema menos debatido, más disimulado con zarandajas: eso es tabú. Tal vez los únicos que por acá intentan llamar la atención sobre él y maldicen de la invasión del auto en Madrid sean esos de la bici-crítica, a su manera, juntándose por miles el último jueves de cada mes “a tapar la calle” con bicicletas. Poco más asoma a la luz pública, a pesar de lo mucho que algunos han hecho por decirlo y escribirlo bien claro. Indagar por ahí es peligroso: adónde iríamos a parar si se cuestiona la necesidad del Auto Personal y de seguir vendiendo autos; por ahí podíamos incluso poner en duda el beneficio indudable de tener un puesto de trabajo al que acudir en el auto de uno; o, puestos a pensar, pensar que el renombrado problema del paro (o de la economía en crisis) es otra imposición del régimen del que hablamos (el que tenemos encima), un fantasma emanado de esos medios de formación de masas, la prensa y la televisión, que la publicidad del auto financia y sostiene y que sostienen el reino del auto. ¡Cuántas mentiras saldrían al la luz! Podríamos llegar a recordar incluso que las máquinas podían ser útiles para ahorrar a la gente trabajos y complicaciones, o que no hace ninguna falta una organización estatal, ninguna banca siquiera para eso de ir viviendo. ¡Hasta el dinero podríamos llegar a decir que no es necesario!, porque, claro: ¿para qué sirven el dinero y los puestos en que se gana si no es para mantener un auto o dos o tres, los que a la familia le hagan falta? La Familia misma, la Democracia, la Civilización, el Porvenir, quedarían sin disculpa alguna sin él, sin el rey de la Creación, sin la fe en el Automóvil. Y la Persona: para ser alguien, una persona real y no cualquiera, es menester en esta tribu tener un carro como el rey Agamenón: ésa es la idea (aunque tenga que ser uno mismo su propio chófer, por eso de que “estamos en democracia”).

    Pues sí: en el Automóvil se reconoce al Individuo, fabricado en serie, cada uno con su número, por el poder del dinero, que falsifica la vida de la gente convirtiéndola en esa cosa individual y astracta de la que trata la estadística, con la que cuentan desde lo Alto los Estados del Capital para su planificación, para la conversión de las cosas en dinero: existencia de uno, que es, por una cara, él y nada más que él, como Dios, y por la otra cara, lo mismo que todos los demás en cualquier conjunto o población en que se cuente, uno de ellos, una contradicción con la que no hay quien viva: el Individuo tiene sus funciones previstas en el régimen y la ciencia a su servicio, es esa istitución bajo la cual la vida se me convierte en mi futuro, en la sombra de mi muerte (tal como está prevista en la estadística), las posibilidades de andar por ahí se convierten en: necesito un coche.

    No: no se puede honradamente reconocer esto del individuo, como tampoco al automóvil, como si fuera “la naturaleza misma”, algo inocente en sí. Fatalidad fabricada es lo que es esta condena a vivir como individuos entre millones de automóviles, como automóviles entre millones de ellos, que no es vivir: un despilfarro de vidas triste y trabajoso hasta decir basta, y todo para mantener a unos gobernantes y jefes del Monopoli audiovisual. ¡No, hombre, no! ¿Qué es “una unidad” más que una falsificación creada por la Contabilidad y la matemática a su servicio, un ideal que esta administración nos impone, esto que sufrimos aquí abajo, contra lo que nos levantamos porque reduce las cosas a dinero, a nada? Es el ideal de la fe democrática: uno sabe a dónde va, sabe qué quiere, se guía a sí mismo, y ése es el fundamento del Automóvil. No hay modo de denunciar la propiedad privada sin denunciar a la vez al propietario, al individuo con su auto o al auto con su individuo, solo o en pareja: la imposición de ese ideal del Cliente del Capital y Súbdito del Estado sobre la gente y las posibilidades de vivir sin eso, de reírse del cuento de la libertad personal y privada de cada uno, la otra cara de la culpa, ambas la misma moneda. A estas alturas de la locura, no es muy difícil darse cuenta de que son los automóviles los verdaderos habitantes de las urbes y los componentes de las poblaciones de los estados, que a los hombrecillos de carne y hueso los destinan a ser una de las piezas del auto (el verdadero individuo), encargadas sólo de algunas funciones a su servicio, y son los autos mismos los que eligen a sus gobiernos en las votaciones (esos gobiernos de Coches Oficiales que negocian con el precio de los “carburantes”), los que van a comprar, los que van a trabajar, los que van de vacaciones y los que celebran las fiestas del calendario y los triunfos deportivos. Ecce homo. Y en cuanto a su señora…
    Ya decía Teresa Panza
    “…me tengo de ir a esa Corte, y echar un coche como todas; que la que tiene marido gobernador muy bien le puede traer y sustentar.
    Y ¡cómo, madre! –dijo Sanchica; ¡pluguiese a Dios que fuese antes hoy que mañana! aunque dijesen los que me viesen ir sentada con mi señora madre en aquel coche: Mirad la tal por cual, hija del harto de ajos, y ¡cómo va sentada y tendida en el coche como si fuera una papesa! Pero pisen ellos los lodos, y ándeme yo en mi coche, levantados los pies del suelo. ¡Mal año y mal mes para cuantos murmuradores hay en el mundo! y ándeme yo caliente, y ríase la gente. ¿Digo bien, madre mía?
    -Y cómo que dices bien, hija! respondió Teresa; y todas esas aventuras y aun mayores me las tiene profetizadas mi buen Sancho; y verás tú, hija, cómo no pára hasta hacerme condesa; que todo es comenzar a ser venturosa…”

    Sería hermosa una revuelta contra el Automóvil, descubrir que aún quedaba algo en nosotros que no era individual, que no era una pieza del Auto y su reino, que no se parecía tampoco a su Señora ni a su Hija, y que por tanto sentía y entendía el error y el horror que nos han metido. ¡El dinero que mueve la propaganda para hacernos creer que “ha salido un auto nuevo”!¡Tantas guerras mortíferas, además, alrededor de los pozos del oro negro, para que sigan circulando en esta paz aterradora, ruidosa y pestilente!
    ¿Hace falta recordar todo esto?
    No puede la razón, el corazón, dejarse apabullar por muy imponentes que sean los números, las cifras de la barbarie. En medio del terror apenas recubierto en que vivimos, se alimenta de deseos y del recuerdo de todo lo prohibido.

    Sabemos que en algunos sitios alguna gente que andaba por ahí suelta, sin caparazón de lata, se ponía en la desesperación a quemar autos (siempre pocos, siempre se echaba de menos que ardieran también autoescuelas, cartelones de propaganda, concesionarios de ésos y fábricas de coches o autobuses al grito de ¡Muera el automóvil!) y era de ver la indignación de los autos, cómo se espresaban por todos los medios llamándolos vándalos y cosas peores, ante el regocijo de lo que nos queda de vivo. Tal vez no podamos hacer una gran pira con unos cientos de ellos, como en las fallas, o no queramos (sería muy apestosa), tal vez sería poco también, pero qué menos que salir a tapar la calle, una y otra vez, para hacer oír este hartazgo de su presencia, este ¡no al Automóvil! que no puede menos de clamar: ¡que no se fabriquen ni se vendan más! ¡al carajo la economía! No queremos esto para nuestros hijos ni para nadie: ¡muera el Ser, el Estado y el Capital!

    Con pira o sin ella, por el mero fuego de la razón, ¡que muera esa idea funesta! Que es que algunos ya no aguantamos más este régimen de la administración de muerte a toda velocidad y nos da muy poquito miedo que se hunda. Descubrir las mentiras en que se funda, con las que se justifica el horror, nos lleva a la rebelión: esto no tiene un pase.
    ¿Qué pasa?

    ¡Ah, que usted es usted y sí lo aguanta todavía unos años?
    Usted sabrá sus cuentas y lo que le compensa cada día mientras sigue engordando el Parque Móvil con su Policía.

    ¿Que le da demasiado miedo que se hunda?
    Será que no ha pensado mucho en qué consiste ¿no?

    ¿Que es que incluso sabe de buena tinta que éste es un régimen ya para siempre, o que siempre ha sido así, como nos han contado? ¿Que no pueden con la chapa y las ruedas de los automóviles hacerse ya otras cosas?
    Permíta que la gente se ría de ese saber suyo y que le llame por su nombre: es una fe. Será que lo que pasa es que tiene usted mucha fe en la autoridad, fe en Dios (o en el Futuro o en el Hombre o como usted lo llame) y muy poquita confianza en lo de abajo, en la gente y en las cosas amables que con esa fe está usted condenando a servir a Dios por muchos años mientras usted se dedica a disfrutar del amor de lo suyo (de su auto) en el reino del dinero. Si es así, pues nada: ¡feliz atasco! y ¡no olvide hacer deporte!

    UN EJÉRCITO DE COCHES
    RUNBALARUNBALARUNBANBÁN
    SE HA ADUEÑADO DE LAS CALLES
    ¡AY ABUELA, AY ABUELA!

    Y DE NADA SIRVEN MULTAS
    RUNBALARUNBALARUNBANBÁN
    POLICÍAS NI PRUDENCIA
    ¡AY ABUELA, AY ABUELA!

    PASAN DÍAS, PASAN NOCHES
    RUNBALARUNBALARUNBANBÁN
    Y AHI SIGUEN RUEDA QUE RUEDA
    ¡AY ABUELA, AY ABUELA!

    LOS AUTOS SE MULTIPLICAN
    RUNBALARUNBALARUNBANBÁN
    CADA MES OTRO MILLÓN
    ¡AY ABUELA, AY ABUELA!

    PERO NADA PUEDEN NÚMEROS
    RUNBALARUNBALARUNBANBÁN
    DONDE MANDA EL CORAZÓN
    ¡AY ABUELA, AY ABUELA!

    ANTES IBAN CINCO JUNTOS
    RUNBALARUNBALARUNBANBÁN
    EN EL POPÓ DE PAPÁ
    ¡AY ABUELA, AY ABUELA!

    YA MAMÁ SU POPÓ TIENE
    RUNBALARUNBALARUNBANBÁN
    PRONTO UN POPÓ CADA CUAL
    ¡AY ABUELA, AY ABUELA!

    CONTRA EL TRÁFICO RABIOSO
    RUNBALARUNBALARUNBANBÁN
    ¿CÓMO VOY A RESISTIR?
    ¡AY ABUELA, AY ABUELA!

    VAMOS A TAPAR LA CALLE
    RUNBALARUNBALARUNBANBÁN
    QUE NO PASE NI UNO MÁS
    ¡AY ABUELA, AY ABUELA!

    O QUE NOS MATEN A TODOS
    RUNBALARUNBALARUNBANBÁN
    Y VIVA LA LIBERTAD
    ¡AY ABUELA, AY ABUELA!

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